Re: ¡Tierra! / Rafael Pérez
Yo no pondría demasiado entusiasmo en el asunto de los exoplanetas. Que tiene que haberlos a montones resultaba evidente antes de que ningún telescopio los descubriera, la cuestión es: ¿y qué?
Los descubrimientos de planetas fuera del sistema solar parece que sólo puedan tener interés desde el punto de vista de un mero afán de saber, sin previsible utilidad material alguna para la humanidad, ni aún en el difícil caso de que se llegara a constatar la existencia de vida organizada en ellos, ni siquiera vida intelectual asimilable a la nuestra: los años-luz que nos separan de estos mundos, incluso en el interior de nuestra propia galaxia (100.000 años-luz de diámetro) hacen imposible la comunicación a escala humana. Este asunto es tratado de forma interesante y divertida por Stanislaw Lem en su “Vacío perfecto”, capítulo “La nueva cosmogonía”.
Tal imposibilidad de comunicación es la que hace que podamos –que debamos- seguir considerándonos singulares y solos en el universo: el exterior del sistema solar sigue siendo pasto exclusivo de contemplaciones más o menos tecnificadas y, desde luego, extraordinariamente caras y poco productivas (creo).
Hay incluso algunas investigaciones relacionadas con los macro-telescopios en órbita que me resultan difíciles de digerir intelectualmente, en concreto las relativas a la capacidad de observar en la lejanía de los millones de años-luz los momentos próximos al bigbang (si lo hubo): pues hace miles de millones de años el núcleo condensado de todo lo que explotó no estaría lejos de nosotros, sino precisamente al lado (la velocidad de separación de las galaxias dicen que es de 75Km/s * MegaParsecs). Seguro que en esto me equivoco, pero este binomio tiempo-distancia me parece una contradicción que no he conseguido aún salvar, sería estupendo que alguien pudiera proporcionarme una explicación o una mera referencia.
Los multiversos paralelos o consecutivos desde y hasta la eternidad no son sino una especulación matemática sin la menor relación con realidad alguna constatable. Desde mi punto de vista sólo pueden tener una utilidad, que considero dudosa: relativizar el modelo mítico de que la humanidad se ha dotado. El problema es que tales mitos primordiales, creados por la humanidad, son a su vez fundadores de la propia humanidad y de las culturas que conocemos, son mitos humanizadores. La capacidad de humanización de los modelos matemáticos me parece más que dudosa, por lo que aplaudo su invención y exhibición pero sin pretender menospreciar ni relativizar los mitos fundadores que sustentan a la inmensa mayoría de la humanidad.
Tal relativización afecta sin duda a escribir “dios” sin mayúscula, haciendo caso omiso no sólo del significado cultural de la palabra sino incluso de nuestra propia gramática: no creo que se pueda escribir “dios” con minúscula cuando va en singular y sin acompañamiento de artículo alguno. La humanidad no creó ni fue creada por “dios”, sino por Dios.
Un cordial saludo,
Rafael Pérez