Re: El sacramento de la política / Alberto N. García
Estimado Arcadi,
Leí con interés, como siempre, su interesante “Correo Catalán” del sábado. Creo que comete dos trampas. De acuerdo que enmascara la rotundidad en un aterciopelado “inspirar”, pero ni con ese guante.
1. Escribe usted: “Nadie puede dudar que es la concepción [cristiana de la vida la] que inspira la reforma de la Ley del Aborto que planea el ministro Gallardón”. Hombre, hombre, yo lo dudo. La concepción cristiana de la vida -al menos la católica- resulta diáfana: no al aborto, en ninguno de los supuestos, menos aún en el de “peligro para salud física o psíquica de la madre”; como usted sabe (y se deduce de esta tabla 6), lo de la “salud psíquica” constituía el meollo del asunto. Por tanto, volver a la ley del 85 -que permitió 844.443 abortos entre 2001 y 2009, con PP y PSOE- está a millares de fetos de la doctrina cristiana sobre el aborto. Y releo: “Los miembros de un gobierno que justifica algunas de sus decisiones morales en una concepción cristiana de la vida deben…”. Uf. Gobernar como católica, aborto, salud psíquica, sí, ya.
2. En un reflejo que, si no le conociera, calificaría de socialdemócrata, atribuye usted la oposición al aborto principalmente a razones de índole religiosa y derivados (“una concepción cristiana de la vida”, “el sustrato ideológico de la reforma”). Y no. Hay debate médico, biológico, social y moral. Yo, modestamente, cuando explico por qué me opongo al aborto no voy argumentando que “porque todos somos hijos de Dios” ni vainas así. No entra lo católico en mi argumentación, como tampoco entra cuando me opongo a la pena de muerte o la eugenesia, qué sé yo. Mire, por ejemplo, cómo lo expone su admirado Hitchens, un humanista nada sospechoso de simpatizar con la “concepción cristiana de la vida”: aquí con acento british y acá en prosa.
Vamos, que el hecho de que el PP sea el partido parlamentario más cercano al Vaticano (tras UPN y Unión Democrática de Cataluña) no convierte sus acciones automáticamente en sacramentos católicos.
Un saludo,
Alberto N. García.