Luis tiene un trabajo / Rafael Latorre
Hace unos días me visitó uno de esos chantajes emocionales que tan bien se mueven en Internet. Es uno de esos casos que los cursis llaman paradigmático. Que lo tiene todo, vamos. Y, consecuentemente, es mentira. Ya usted se ha hartado a repetir que la verdad no tiene los contornos tan nítidos. Bien, esta mentira es de libro, esponjosa, suave y crece de un primer hecho real. Vea el vídeo de Luis, un chico con síndrome de Down que supuestamente busca un trabajo. ¿Quién puede no sentirse conmovido? Al terminar de verlo, pensé en que su argumentación era inatacable y en que además huía de la habitual sentimentalidad para fijar el valor de su oferta como fuerza de trabajo en la pura y dura rentabilidad. Estaba gratamente sorprendido.
El problema es que el chico no se llama Luis y sí tiene un trabajo. Qué digo el problema… eso es solo lo que desvela el problema. El problema es que lejos de sentirse estafados por la campaña de marras, la chavalería digital se ha lanzado a justificar la fábula. Por la moraleja, claro. Los argumentos de los ‘aficcionados’ los conoce usted bien así que no me repetiré (ya se ejercitaron recientemente, por cierto, con la columna de Rosa Montero). Este caso de Luis tiene como agravante la discapacidad del protagonista, que lo envenena todo. Pero ése es otro asunto.
A lo que iba es que yo sigo pensando, y por eso le escribo a usted, que “el problema no es la ficción, sino los ficticios”.