Re: El doctor Kimble / Pinco Pallino
Yo, que pertenezco a la cosecha rural del 57, tengo una inevitable
curiosidad por la degradación y los degenerados. Por ello sigo con
imparable interés los depravados generacionales desde que Xavier Sardà
se metió en la TV nocturna dirigida a la gandulería. He llegado a tal
grado de especialización de estos mamones que puedo detallar uno a uno
el porcentaje de inmersión LOGSE o la cantidad de programas de Andreu
Buenafuente que se han tragado esos señoritos criados entre la
nacionalización y el derecho de pernada. Por ello, cuando cae un
chorizo internacional, acudo a la edición electrónica de Público del
camarada Roures y me regodeo no sólo con la redacción de la noticia;
también con los comentarios. Desde la muerte de aquel gordo de Corea
del Norte, no había vuelto a visitar Público, pero la detención de
este otro gordo, otro Kim, la visita a Público estaba obligada. No
tardé en dar con la consigna, la consigna global de los indignados en
su desquiciada vida sintáctica: “Obama ha lanzado aviones contra las
torres de la cultura. Quien es aquí el terrorista”. De tiempo
inmemorial, las bandas callejeras sienten una especial adoración por
los becerros de oro, una cuestión de tradición bíblica.
Por lo demás, que Nueva Zelanda es un alegre albergue de chorizos lo
saben incluso los del Opus Dei que habitan en Matadepera.